Encabezado por Ricardo Treuquil de UOCRA Zona Norte, se realizó esta mañana una conferencia de prensa, dejando en claro que el gremio de la construcción ha agotado todas las instancias por recuperar puestos de trabajo, alegando que «nuestras familias no tienen tiempo para internas políticas ni discusiones de poder, vamos a mantener las medidas de fuerza hasta que el último de los 2.000 compañeros despedidos vuelva a vestir el mameluco de trabajo y a percibir el salario digno que se merece».
Buenos días a todos los trabajadores y trabajadoras que nos acompañan, a los integrantes de la comisión, delegados, colaboradores gremiales y trabajadoras y trabajadores de prensa de los medios locales y provinciales que hoy se hacen eco de la voz de nuestra organización. Gracias por estar aquí.
La Zona Norte de Santa Cruz ha sido, es y será el motor productivo de nuestra provincia. Durante décadas, hombres y mujeres de nuestra tierra han forjado el desarrollo de la Patagonia en base al esfuerzo, al desarraigo y al frío, levantando la infraestructura que permitió extraer la riqueza que alimenta al país. Nosotros no inventamos la cultura del trabajo; la heredamos de nuestros padres y la defendemos para nuestros hijos. La construcción en el ámbito petrolero no es una actividad accesoria: es el cimiento sobre el cual se sostiene la producción energética de la Argentina. Sin embargo, el tejido social de nuestras comunidades hoy cruje. Como consecuencia de decisiones empresariales y políticas ajenas al sentir santacruceño, asistimos a la salida de YPF de las denominadas áreas maduras. El abandono de estas operaciones significó un golpe devastador: más de 2.000 trabajadores de la construcción vinculados a la actividad petrolera quedaron en la calle. «Detrás de cada overol que hoy está colgado en un galpón, hay una familia santacruceña que no sabe si mañana come. Detrás de cada despido, hay un comercio local que cierra y una comunidad que se apaga. Esta no es una estadística económica; es la crisis social y humana más profunda de la historia reciente de la Zona Norte.»
Cuando YPF inició su retirada, los trabajadores actuamos con una responsabilidad institucional intachable. Fuimos pacíficos. Fuimos pacientes. Creímos en la palabra empeñada en mesas de diálogo por funcionarios y empresarios que nos prometieron que la salida sería ordenada y que la reactivación de las áreas bajo nuevas operadoras garantizaría la reincorporación progresiva de nuestra gente. Aceptamos esperar de buena fe. Pero a más de un año de iniciado ese proceso de transición, la realidad nos da una bofetada: las áreas están operativas, los pozos están produciendo, las empresas están facturando, pero la reactivación prometida nunca se transformó en empleo para los trabajadores de la UOCRA. Nos pidieron paciencia y les dimos tiempo; nos devolvieron promesas rotas.
Hace un año, la empresa estatal provincial FOMICRUZ intervino legítimamente licitando las áreas, y unas diez operadoras asumieron la explotación. La actividad volvió, pero nuestros trabajadores siguen mirando desde afuera. Hemos recorrido los yacimientos. Nuestras inspecciones gremiales han constatado una realidad dolorosa y sistemática: tareas que históricamente, por convenio y por derecho, corresponden a los trabajadores de la construcción, hoy están siendo ejecutadas bajo otros convenios colectivos y por otros gremios. Esto no es solo una falta de respeto a la UOCRA; es una precarización encubierta y un intento deliberado de licuar nuestra representación sindical y limitar la libertad de organización de los trabajadores. Denunciamos esta situación formalmente. Presentamos informes detallados ante el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Provincia. Agotamos cada canal administrativo, asistimos a cada audiencia y promovimos el diálogo hasta el cansancio. ¿La respuesta? El silencio administrativo y la inacción efectiva. El diálogo se convirtió en un laberinto de dilaciones sin soluciones reales.

Ante este escenario, no podemos callar las responsabilidades políticas. Responsabilizamos en primer término al Gobierno Nacional, que impulsa de manera sistemática políticas de flexibilización laboral que asfixian al modelo sindical argentino. Estas políticas no buscan la modernización; buscan fortalecer la posición de los sectores patronales en detrimento de los derechos conquistados por los trabajadores, promoviendo el sálvese quien pueda y transformando el empleo digno en una variable de ajuste macroeconómico. Pero la distancia no exime de culpa a quienes gobiernan el territorio. Responsabilizamos al Gobierno de la Provincia de Santa Cruz por su alarmante falta de respuestas concretas. El Estado provincial no puede ser un espectador de lujo ni un mero escribano de los acuerdos de las operadoras. Su rol constitucional es garantizar la paz social a través de la justicia social, y hoy la provincia carece de acciones efectivas para devolverle el empleo genuino a las familias desocupadas de la Zona Norte. Y finalmente, hacemos responsables a las empresas operadoras. Aquellas corporaciones que vienen a extraer los recursos de nuestro subsuelo deben entender que no hay licencia social sin responsabilidad laboral. Excluir a la UOCRA de las tareas que históricamente desarrolló es una vulneración del espíritu de la normativa laboral vigente. No vamos a permitir que el beneficio económico de unos pocos se financie con el hambre de los trabajadores de la construcción.
Compañeros, vecinas y vecinos de Santa Cruz: la paz social no se decreta, se construye con dignidad. Hemos agotado todas las instancias institucionales posibles. Nadie puede acusar a esta conducción ni a estos trabajadores de no haber apostado a la cordura y al entendimiento. Pero el límite del diálogo es el plato de comida de nuestros hijos. Por eso, ante la insensibilidad y el incumplimiento generalizado, anunciamos formalmente el inicio de medidas de fuerza y de acción directa en toda la Zona Norte de Santa Cruz. «No salimos a la calle por capricho; salimos a defender el derecho constitucional al trabajo. No bloqueamos el desarrollo de la provincia; exigimos ser parte de él.»
Queremos enviar desde esta central sindical un mensaje transversal, firme pero profundamente respetuoso, a toda la dirigencia política de nuestra provincia, sin distinción de colores partidarios. Le hablamos directamente al gobernador Claudio Vidal, y también a los referentes de la oposición, a Pablo Grasso y a Jairo Guzmán. Los trabajadores de Santa Cruz vemos con profunda preocupación cómo la agenda de la política parece estar enfocada en las especulaciones electorales con la vista puesta en el 2027, mientras las urgencias de nuestro pueblo ocurren hoy, en junio de 2026. Nuestras familias no tienen tiempo para internas políticas ni discusiones de poder. La política debe dejar de mirar las encuestas y empezar a mirar las heladeras vacías de la Zona Norte. El pasado debe servirnos para aprender y corregir el rumbo, no para seguir buscando culpables crónicos o profundizar divisiones que solo benefician a las casas matrices de las operadoras en Buenos Aires o el exterior. Necesitamos que el oficialismo de Claudio Vidal y la oposición de Pablo Grasso y Jairo Guzmán dejen de lado las diferencias menores y se sienten en una mesa común a construir soluciones urgentes. Santa Cruz necesita estadistas que piensen en el presente inmediato y que planifiquen el desarrollo a mediano y largo plazo. Si la política no sirve para resolverle la vida a la gente, la política pierde su razón de ser.

A la comunidad de la Zona Norte, a los comerciantes, a las pymes locales, a las demás organizaciones hermanas, les pedimos que nos acompañen. Esta no es una pelea sectorial de la UOCRA. Si la construcción se detiene, el consumo local cae y los pueblos se transforman en ciudades fantasma. Defender a un trabajador de la construcción hoy es defender la economía de Caleta Olivia, de Pico Truncado, de Las Heras, y de toda la región.
Compañeros y compañeras: la historia de nuestra organización nos enseña que nada se nos fue dado sin lucha. La dignidad no se negocia en una oficina a puertas cerradas; la dignidad se defiende con la frente en alto. No queremos subsidios, no queremos planes asistenciales que funcionen como parches temporales. Reivindicamos la cultura del trabajo como la única herramienta capaz de ordenar la vida social y devolverle el orgullo a un padre y a una madre de familia. Queremos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, como lo hicimos siempre. La UOCRA no se arrodilla. Vamos a mantener las medidas de fuerza hasta que el último de los 2.000 compañeros despedidos vuelva a vestir el mameluco de trabajo y a percibir el salario digno que se merece.
¡Viva la UOCRA! ¡Viva Santa Cruz! Y viva la dignidad de los trabajadores.
Muchas gracias.

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