Hoy, Argentina se encuentra en el quinto lugar en el mundo con mayor cantidad de casos de bullying y ciberbullying entre las infancias y adolescencias. Este dato surge del estudio que hace anualmente la organización Bullyng Sin Fronteras. 

“Hemos tenido un crecimiento explosivo de situaciones de violencia entre pares, y en este informe se reportaron 50.250 casos de edades comprendidas entre los 6 y los 18 años”, explica la médica pediatra y Presidente de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICS) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Silvina Beatriz Pedrouzo.

Y continúa: “Allí se describe bajo desempeño en actividades deportivas como el principal motivo de bullying en los varones. En el caso de las mujeres tiene relación con su apariencia física, a partir de estereotipos de mujeres bellas y poderosas, surgidos en las redes sociales. Este comportamiento trae graves consecuencias en la salud física y mental, de los niños y los jóvenes”, advierte la médica.

Por su parte las estadísticas mundiales, son también alarmantes, ya que afirman que 7 de cada 10 niños sufren todos los días algún tipo de acoso y ciberacoso. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el bullying afecta a entre el 20% y el 30% de los niños y adolescentes en todo el mundo.

Frente a estas cifras, la SAP elaboró, junto a la Defensoría de los Derechos de los Niñas, Niñas y Adolescentes, un documento en donde alertan de las graves consecuencias que tienen estos ataques y resaltan la intervención necesaria de las personas adultas, especialmente de los cuidadores de los niños, niñas y adolescentes (NNA) involucrados, los docentes, los equipos de orientación escolar o de los gabinetes psicopedagógicos, y el personal directivo de las instituciones educativas.
“Si bien cualquier NNA puede ser el blanco de estas agresiones, es más frecuente que sean agredidas las personas más vulnerables por alguna característica física en particular o por otros motivos como el rendimiento deportivo o académico, nivel socioeconómico, creencias políticas o religiosas, etnias, razas, identidad de género u orientación sexual”, especificó Pedrouzo.

Una amenaza invisible

“El bullying es toda intimidación o agresión física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar por parte de sus pares y que se da en forma reiterada de tal manera que causa un daño, temor o tristeza, digamos, causa algún efecto negativo en una víctima o un grupo de víctimas”, explica el Licenciado en Psicología Clínica de niños y adolescentes Juan Andrés Melchiori.

Para el experto es importante resaltar que el bullying no es una agresión aislada, sino que es un encadenado, una serie de agresiones que se dan a lo largo del tiempo y así se va definiendo dos roles principales, que son el del agresor y el agredido.
“Las víctimas a gran escala son todos generalmente se encuentra que también el agresor, muchas veces, se suelen observar dificultades en la crianza donde ha vivido, también en contextos violentos que han dificultado el desarrollo de la empatía, o crianzas desligadas, en donde las necesidades del niño no han sido adecuadamente atendidas”, continúa.

En esta problemática, es necesario e importante atender todos los participantes para poder prevenir. Esto quiere decir “atender tanto a la víctima como al victimario y también a los espectadores que le ofrecen de alguna manera fuerza para que este espectáculo se dé”, afirma el especialista.

Tipos de bullying y la violencia digital

La última encuesta Rápida a cargo de UNICEF en Argentina relevó que el 19% de los hogares conoce casos de bullying y/o acoso en las instituciones escolares; el 13% informa que al menos uno de sus hijos o hijas fue objeto de bullying o acoso. Asimismo, se registró, en junio 2022, un aumento de la exposición de los adolescentes de 13 a 17 años a situaciones de discriminación o maltrato, ciberbullying, situaciones de violencia o pornografía en las redes.

Existen diferentes clasificaciones dentro del bullying, que pueden ir desde una agresión que tiene que ver más con lo físico y aquí el daño es más visible. “Golpes empujones, zancadillas y todo lo que tenga que ver con esconder, romper o quitar objetos”, cuenta Melchiori y, agrega que el bullying verbal, es cuando la utilización de palabras son las que generan el daño. Por ejemplo, las burlas. Los sobrenombres, comentarios negativos, amenazas o ridiculizar al otro.
“El bullying social consiste en buscar perjudicar las relaciones interpersonales de las personas, entonces acá está el aislamiento o el interrumpir los intentos de integración al grupo, soltar rumores o acusaciones falsas sobre las personas”, explica el Licenciado.

En esta línea, advierte que otras diferenciaciones hay: el bullying sexual, que incluye abusar, acosar o chantajear sexualmente a alguien; y el cyberbullying es una variante a partir de la introducción de las tecnologías a internet.

“Una de las diferencias entre el bullying y el ciberbullying es la velocidad e intrusión con que llegan los mensajes agresivos a su destinatario/a través de las redes, ya que pueden ser enviados a cualquier hora y desde cualquier sitio, lo que amplifica las dimensiones del daño”, agrega Silvina Pedrouzo. Y, alerta que “es fundamental reconocer que, aunque la agresión se haya dado en entornos virtuales, el daño existe y la violencia es real.”

Es esta línea los especialistas exponen que estos contenidos malintencionados permanecen en el ciberespacio y dejan una huella que difícilmente pueda ser borrada o eliminada. “El entorno virtual le otorga al agresor el anonimato, a través de “nicknames” o de perfiles falsos y, esto tiene un factor extremadamente importante que es la inexistencia física de contacto entre acosador y la víctima y por lo tanto es difícil que el acosador presente atención a la real dimensión del daño”, cierra la médica pediatra.

Consecuencias en la salud y señales de alerta

En los resultados de las Pruebas Aprender, se destacan preocupantes hallazgos sobre la violencia escolar experimentada por los estudiantes de sexto grado del nivel primario. Según los datos, el 42,9% de los encuestados afirmaron que en algunas ocasiones o con frecuencia otros estudiantes difundieron falsedades sobre ellos. Además, el 36% reportó haber sido objeto de insultos por parte de sus compañeros, mientras que el 32,5% indicó que sufrió burlas.
Entre otras formas de agresión identificadas, el 29,5% mencionó haber sido excluido intencionalmente, y el 23,6% señaló que sus pertenencias fueron dañadas o sustraídas por otros estudiantes. Alarmantemente, el 22,6% manifestó que se les pidió a sus compañeros que no se relacionaran con ellos.

Las agresiones físicas también son motivo de preocupación, con el 16,1% de los estudiantes declarando haber sido agredidos en alguna ocasión, mientras que el 12,6% mencionó haber sido objeto de amenazas o insultos a través de las redes sociales. Estos datos subrayan nuevamente la urgente necesidad de abordar el problema y promover un entorno seguro en las instituciones educativas.

“En general el bullying suele suceder de manera oculta y no tan explícita hacia el mundo adulto, y el mundo adulto suele ver los efectos del bullying; entonces acá podemos observar niños o niñas que están más retraídos, niños que antes tenían tal vez un rendimiento académico estable y de repente se va a pique”, advierte Melchiori.

A su vez, la conducta puede cambiar rápidamente en aquellos que sufren las agresiones, y se observan chicos más aislados, que tienden a la irritabilidad en sus hogares. “Muchos muestran síntomas físicos como cefaleas, dolores de panza, descomposturas, previos obviamente a irse al colegio generalmente.”

Para el experto en psicología de niñez y adolescencia, cuando los efectos del bullying se sostienen mucho a lo largo del tiempo y quedan invisibilizados, van teniendo cada vez síntomas más notorios. Y, estoy se ve reflejado en la caída del estado de ánimo, en la ansiedad y en casos extremos pueden llegar a tener ideas de muerte, ideas suicidas.

El mundo adulto es responsable

“Las situaciones de bullying requieren de la intervención de las personas adultas, especialmente de los cuidadores de los NNA involucrados y de los docentes, equipos de orientación escolar o gabinete psicopedagógico y personal directivo de la institución educativa”, afirma Pedrouzo.
En este sentido resalta que “los adultos tenemos los deberes de cuidado en todos los entornos, físicos o virtuales, y estos deberes implican no admitir ni avalar ningún tipo de situación violenta”.

Para el Licenciando Melchiori, “es un fenómeno social en el cual todos estamos involucrados de alguna manera y que cada participante con mayor o menor grado de responsabilidad tiene que asumir su rol para poder desarticularlo”.

Asimismo, Silvina Pedrouzo advierte que “los pediatras podemos colaborar en la detección del bullying, y es de gran importancia solicitar información a la escuela sobre el desempeño y sobre el modo de relacionarse de los NNA con sus pares”.

Es importante destacar que los especialistas enfatizan que no es adecuado sugerirle a la persona que está sufriendo que responda a la agresión, o que de alguna manera se minimice la situación por parte de los adultos. Siempre es necesaria la intervención para abordar el problema de manera adecuada.

La Tecla




Por Infomix

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