Un vecino de Los Antiguos compartió una fotografía inédita con La Opinión Austral y recordó la única visita que el doctor René Favaloro realizó a la localidad en febrero de 2000. Su sencillez, el cariño por los vecinos y un deseo que nunca pudo cumplir.
Mucho se conoce sobre la enorme trayectoria del doctor René Favaloro, el creador del bypass coronario que revolucionó la medicina cardiovascular en el mundo. Sin embargo, pocos saben que meses antes de su muerte encontró un lugar de paz en el corazón de la Patagonia. Fue en Los Antiguos, al noroeste de Santa Cruz, donde el reconocido médico pasó una semana de vacaciones junto a su familia en febrero del año 2000. Allí recorrió chacras, compartió momentos con productores locales y dejó un recuerdo imborrable entre quienes lo conocieron.
Una fotografía tomada durante aquella visita, a la que tuvo acceso La Opinión Austral, permaneció guardada durante más de dos décadas y hoy vuelve a salir a la luz gracias al testimonio de Héctor Jomñuk, productor de cerezas y vecino de la localidad.
La foto que inmortalizó la visita de Favaloro
La imagen fue tomada en la entonces chacra El Porvenir, propiedad de los padres de Héctor Jomñuk. En la fotografía aparecen, de derecha a izquierda, Regina Treffinger, detrás “Pinocho” Jomñuk, junto al doctor René Favaloro, Héctor “Rusito“ Jomñuk, el doctor Rossi, de Comodoro Rivadavia, y detrás de ellos Gómez, suegro del médico.
Actualmente Héctor tiene 77 años y continúa ligado a la producción de cerezas, aunque ya jubilado. Su hermano “Pinocho“, de 79 años, también sigue dedicado a la actividad, cada uno desde su propia chacra. Regina Treffinger falleció en 2013, mientras que Gómez también murió y perdieron contacto con el doctor Rossi. “La foto es de febrero del año 2000. A los pocos meses el doctor falleció“, recordó Héctor con emoción.
Siete días para enamorarse de Los Antiguos
Según relató Jomñuk a La Opinión Austral, aquella fue la primera y única visita que realizó Favaloro a Los Antiguos. El médico permaneció durante siete días junto a toda su familia y disfrutó plenamente del paisaje patagónico. “Era una persona sumamente amable, sencilla y muy agradable. Le encantaba recorrer los cerezos y muchas veces se sacaba los zapatos y las medias para mojarse los pies en el canal. Se sentía realmente muy a gusto en este lugar”, recordó el productor.
Uno de los recuerdos que más permanece en la memoria de los vecinos tiene que ver con las famosas cerezas de Los Antiguos. Cada vez que quería llevarse algunas cajas, insistía en pagarlas. “Él quería pagar las cajas de cerezas que llevaba. Nosotros nunca se lo permitimos y no le aceptamos el dinero“, contó Jomñuk.
Antes de despedirse de la localidad, los productores prepararon un regalo especial. “Le pedimos que pasara por la chacra para llevarse unas cajas de cerezas y dentro de una de ellas escondimos esta misma fotografía que nos habían sacado ese día“.
Durante aquella estadía, Favaloro les hizo un pedido muy especial. Les encargó que le consiguieran un terreno porque soñaba con construir una casa en Los Antiguos. “Quería un lote que tuviera vista al lago y a la cordillera. Nos decía que no quería árboles delante de la casa para poder disfrutar completamente del paisaje”. Ese proyecto jamás pudo concretarse. Meses después de aquellas vacaciones, el 29 de julio de 2000, el reconocido cirujano falleció en Buenos Aires.
“Era un hombre bueno”
Para Héctor Jomñuk, el mayor legado que dejó Favaloro no fue solamente el del médico brillante que cambió la historia de la cirugía cardiovascular. “Era un hombre totalmente sencillo, amable y buena persona“, resumió. Hoy, la antigua chacra El Porvenir lleva el nombre de El Rusito, donde la familia continúa produciendo las tradicionales cerezas de Los Antiguos.
Fabio Jomñuk, hijo de Héctor, contó que el establecimiento sigue creciendo. “Nuestra chacra actualmente se llama El Rusito. Seguimos produciendo cerezas y estamos tratando de expandir la venta de nuestras cerezas por toda la provincia”.
Más de 25 años después, aquella fotografía conserva intacto el recuerdo de un hombre que encontró, aunque fuera por unos días, un rincón de tranquilidad entre los cerezos, el lago Buenos Aires y la cordillera de los Andes. Una historia poco conocida que muestra el costado más humano de René Favaloro y el vínculo que logró construir con los vecinos de Los Antiguos.
Dalma Vidal para La Opinión Austral

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